
Rosa…
Así le llamaban, vivía en un mundo asombroso y lleno de curiosidades.
Pasaron muchos años y a la mitad de su vida todo había perdido el misticismo, todos los días las cosa dejaban de ser lo que eran para transformarse en algo aberrante y pensó, “desde que llegamos a esta realidad continua mente atormentada, parece que debemos respirar para vivir… miramos hacia arriba, miramos hacia abajo, giramos y tropezamos con el amanecer ojeroso de un nuevo día, abrazados al calor mas humano que tengamos a la mano y dijo en voz alta, mentes empequeñecidas y moribundas de ideas, pensamientos desparramados como astillas que no rellenan ningún ausente y nos ponen melancólicos y llegamos a casa con la lágrima en la puerta…”
Y el otoño que no Llegaba, además se preguntaba si retrospectivamente hubo razas de una sola persona y lo que antes en otros mundos le parecía tan romántico, debo decir que quizás por su pacto, ahora paga el precio de intentar encontrarle por los rincones…redondos rincones azul.
Aquella fue una noche capicúa, girara para donde girara le absorbía la oscuridad, pensaba en el falo y repitió…”mas te necesito esta noche para que me beses la espalda…”varias veces
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